A 6 meses del inicio de la pandemia covid-19 en el mundo, en donde hemos observado terribles escenarios de sufrimiento humano, en donde no sólo por los síntomas que la enfermedad provoca en los contagiados y el dolor que genera el fallecimiento de muchos de ellos en sus familiares y cercanos, sino que también por las consecuencias que en la política y economía ha dejado esta pandemia y, en consecuencia, en la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo; hambre, desempleo y desesperación, que se viven junto a las presiones propias que las medidas de confinamientos nos provoca al restringir nuestras libertades e inducirnos en un estado de alerta constante por miedo al contagio. Una idea freudiana señala que la vivencia del exceso del placer (Eros) podría llevarnos a un estado de destrucción o sufrimiento (Tánatos) y así, viceversa. Es decir, en este caso, querer pasar de un estado prologando de sufrimiento a uno en donde se experimente un estado instantáneo de Eros.

Es justamente esto último que hemos podido observar en los diversos países que comenzaron su proceso de desconfinamiento, en donde un gran número de la población olvidó, de un momento a otro, lo vivido hasta hace algunos pocos días y se lanzaron masivamente a balnearios, fiestas, centros comerciales, reuniones sociales, entre otro, como olvidando todo ese sufrimiento provocado por las medidas sanitarias, así como la pandemia. Es por ello por lo que debemos ser cauto y ordenados para que podamos planificar cuidadosamente los pasos y las formas en que iniciaremos la etapa post-pandemia, y que así esa necesidad de Eros no nos vuelva a llevar a otro estado de Tánatos. Si bien, gran parte de las medidas son tomadas por las respectivas autoridades, habrá un gran esfuerzo personal que deberemos volver hacer para vivir de la mejor manera posible esta atapa de desconfinamiento, es decir que por tercera vez en el año, deberemos re-habituarnos. En el lenguaje de nuestra cultura, popularmente escuchamos la frase de que el ser humano es un “animal de costumbre”, lo cual tiene mucha razón al comprender que la costumbre -o mejor dicho- las certezas, que nos ayudan a canalizar nuestra ansiedad sublimándola en nuestro quehacer que nos propone nuestra mismas rutinas y costumbres… hábitos. Por ello que durante el tiempo de pandemia se ha hecho tanto énfasis en lograr llevar una rutina clara y definida que nos permita contar con una certeza durante el tiempo que no las hay, y -para lograrlas- debemos ir habituándonos a acomodar nuestros procesos biológicos, emocionales y sociales.

En el primero, es donde se presenta el gran desafío, ya que, por lo general, es fácil desordenar el sueño o el apetito. Es aquí donde niños, niñas y jóvenes tienen un doble gran desafío pues además de tener que lidiar con las sensaciones propias y a veces no muy energéticos ajustes del horario del sueño y el apetito. Es muy probable que niños, niñas y, en especial, los adolescentes, haya desordenado fácilmente su sueño, tentados a quedarse despiertos hasta más grande o porque simplemente su cuerpo no canalizó la suficiente energía durante el día (difícil estando encerrados), podrán ser hasta 3 semanas que la adaptación de este grupo etario a adecuarse a nuevos horarios de sueño y apetito. Incluso es considerado tomar en cuenta que su cuerpo al estar en una etapa de desarrollo más acelerada que en el resto del ciclo humano, puede resultares diversos malestares que podemos prevenir regulándolos desde ya. En nosotros, los adultos, deberemos velar por un alto sentido de responsabilidad que nos permita sentir la fuerza de voluntad necesaria para no dejar de ser cauteloso con las medidas sanitarias que se vayan proponiendo y así por un instante de eros vayas a quedar con uno de tánatos. En el ámbito socioemocional será fundamental ejercitar una consciencia que te permita comprenderás que no serás la única persona que tendrá sus emociones más intensas de lo habitual, pues el cansancio físico que estaremos experimentando al menos por el primer mes de desconfinamiento, puede hacer que el control emocional pueda ceder frente a las emocionas que nos pueda ir experimentando y, en ese ámbito, es esencial que podamos desarrollar una actitud de disculpas y otra de compasión, y así generar que nuestra convivencia en nuestros hogares, trabajos, transporte u otros espacios que impliquen congregación social sea un factor protector para nosotros mismos/as que otro más que nos genere tánatos. Cansancio, ansiedad, irritabilidad, rabia, alegría y miedo serán comunes emociones que vamos a estar experimentando por lo que poder ir desde ya con una mirada más compasiva y menos punitiva sobre nosotros/as mismos/as, para hacernos nosotros mismos más tolerable el tercer proceso adaptativo que tengamos que vivir durante este año. Deberemos estar alerta a nuestras emociones y si el agobio se va volviendo más rutinario, no esperemos a llegar a un estado de tánatos para poder pedir ayuda en pos de nuestro bienestar mental. En el ámbito social deberemos ser cautelosos por que las tentaciones de agruparse y olvidarse de resguardar la distancia social pueden ser muy habituales por los reencuentros que viviremos por quienes no vemos hace casi ya más de 4 meses. Por ello que apoyarnos esperando que tanto como yo como los demás vamos a tener que respetar las medidas sanitarias y vamos a tener que ser mucho más tolerantes a aceptar cuando alguien nos señale respetar las medidas respectivas… ¡es verdad! Deberemos cuidarnos entre todes.

Por ello que como reflexión final debemos entender una de las tantas enseñanzas que nos está dejando el coronavirus a nivel político, social y económico, la cual nos da cuenta de la necesidad de generar una mayor consciencia social-comunitaria integrando todos los aspectos emocionales que ayudan a favorecer la convivencia y la solidaridad entre todos los ciudadanos. Debemos generar políticas públicas y conductas sociales que reflejen mejo la comunitariedad en la que debemos pensar, convivir y desarrollarnos entre todos, integrando como título a nuestros códigos sociales aquel famoso concepto sociofilosófico de la cultura sudafricana, Ubuntu¸ soy lo que somos.