Situación actual
Como sociedad, la pandemia es algo nuevo que estamos viviendo a nivel mundial. Vivimos el día a día en la incertidumbre de no saber lo que va a suceder en el futuro. Por lo que no hay una brújula que nos guíe y nos marque el paso hacia dónde debemos ir y qué decisiones podemos tomar. Estamos improvisando ante la incertidumbre en todos los aspectos de nuestra vida; Economía, salud, política, familia y pareja. Evaluando lo que a otros países les ha servido, y lo que no como ejemplo. Porque además de ser algo nuevo, cada experiencia es única y todos lo estamos viviendo de forma diferente.

Pandemia y relaciones de pareja
En nuestra plataforma online, nos hemos percatado de que muchas personas consultan por conflictivas de pareja en diferentes situaciones sentimentales, de los cuales muchos están conviviendo con una pareja, a otros les tocó estar separados físicamente, han tomado la decisión de separarse, etc. Llegando a ser el segundo motivo de consulta hoy en día.
Para todos, de alguna forma, la actual pandemia que estamos viviendo y la cuarentena obligatoria, ha sido como un temblor o terremoto (en diferentes escalas) que ha venido a removernos externa e internamente. Por lo que las relaciones de pareja no están exentas de esto.
Vivíamos el día a día inmersos en una rutina, en el trabajo, nuestras relaciones sociales, familiares, de pareja, no estábamos mucho en casa, o si, pero teníamos la posibilidad, muchos de nosotros, de poder salir libremente. Y de repente, inesperadamente nos vemos en la obligación de quedarnos encerrados. Y nos encontramos forzados a convivir 24x7 dentro del mismo espacio con uno mismo otro, u otros.
Como dije anteriormente, vivimos distintas situaciones. Están los que están solteros y cómodos, felices de la vida con su espacio propio. Otros que están solteros o vienen terminando una relación, y los que conviven tanto con hijos como sin hijos.
Vi una Viñeta que me llamó mucho la atención, en la que dice que “las paredes se volvieron espejos”, ¡y que cierto que es! ¡Tuvimos que detenernos y mirarnos! ¡A nosotros, al otro! Y estar también a la mirada del otro con quien convivo. Y empezar a cuestionarnos esto que estamos viendo, tanto con nosotros mismos como con quien tengo al frente mío.

Yo- el otro- y a la mirada del otro

Muchas cosas que no nos cuestionábamos antes por estar inmersos en nuestra rutina del día a día (porque no queríamos, no podíamos o porque simplemente nos acomodaba), nos las empezamos a cuestionar ahora. Viendo cosas que no veíamos antes porque no nos habíamos parado frente a este nuevo espejo-pared que tenemos frente ahora. Y el preguntarnos ¿Me gusta?
¿Estoy conforme con esto? Tanto de mí como de la persona con la que estoy conviviendo.
Porque hay cosas que nunca nos han gustado de nosotros, así también como de la convivencia con mi pareja, y ahora es un poco más difícil lidiar con eso, porque las tenemos aquí al frente en el espejo y no tenemos la distracción exterior ni la rutina diaria para evadirlo. Puede suceder que aparezcan o re-aparezcan situaciones que venían desde antes de la cuarentena y con el encierro se acrecienten: - “¡Catalina nunca quiere hablar las cosas cuando peleamos y ahora no lo soporto más!” o “¡Pedro siempre ha jugado muchos video juegos, pero no hacemos nada juntos y ahora es terrible!”, por ejemplo.
Aunque también, han aparecido ciertas situaciones que no nos habíamos dado cuenta de nosotros mismos; nuevos intereses o pasatiempos como el tocar un nuevo instrumento, ver películas que antes no teníamos tiempo de ver, cocinar, etc. Hasta nuevas formas de reaccionar o de relacionarnos con el otro que quizás habíamos olvidado o estábamos muy distraídos para percatarnos. Nuevas actividades que hacer juntos, nuevas cosas en común. Por lo que así también sucede con nuestra pareja, podemos descubrir y re- descubrir cosas que nunca nos habíamos percatado antes, tanto conviviendo como a distancia.
Un ejemplo de esto puede verse en situaciones cotidianas, como el sentarse a conversar, o darse un día de cita, cocinar algo nuevo, y el uso de las redes sociales como tiktok, zoom, juegos en línea, etc.
Esto también puede verse en las relaciones a distancia, mediante las redes sociales y las video llamadas. Descubrimos que podemos tener una mini fiesta por zoom, que podemos leer un mismo libro o ver la misma película y compartir ideas y hasta que podemos tener contactos íntimos por las mismas plataformas sociales sin este contacto físico del cual estamos privados. Y en este caso, estamos obligados también a describir más nuestras emociones porque no podemos tocar al otro, la entonación toma más importancia, etc.

¿Y cómo divido-comparto mi espacio con el otro?
Algo muy importante, es que tanto a distancia como conviviendo físicamente resulta relevante el poder entregarnos tanto espacios propios como compartidos. Llegando a acuerdos (dentro de lo que se pueda, ya que hay quienes tienen más espacio y quienes no, y están obligados a compartir espacios muy pequeños). Es por eso que es tan importante poder conversarlo y darse el tiempo para poder estar cada uno consigo mismo y así también poder tener espacios compartidos de calidad.

¿Cómo reconocer y comunicarle al otro lo que me está pasando?
Otro problema que he escuchado mucho y que se acrecienta hoy en día es el que existen situaciones y cosas que están en nuestra cabeza, y esperamos que el otro se percate o las solucione. Suponemos bastante, y esperamos conductas espontáneas del otro. Vivimos de las expectativas que tenemos del otro y nos frustramos cuando éstas no se cumplen.
He escuchado mucho esta frase de “un día a la vez”. Muchas personas relatan tener días buenos y días malos. Y las emociones muchas veces son contagiosas. Se repite mucho el “mi estado de ánimo depende de él”, “o ella”. Si estoy en mi día bajón posiblemente sea contagioso y no necesariamente tenga algo en contra del otro. O posiblemente estoy demasiado feliz y quiero hacer muchas cosas, pero tengo que evaluar también en qué está el otro, quizás hoy es su día bajón y no tiene muchas ganas de hacer algo. El conversar y poder estar abierto al otro es vital, darle la libertad de que quiera hacer todo o nada, ya que todos lidiamos con esto de forma distinta.
Es por eso que es importante el darle el tiempo y espacio a las emociones y dudas que vayamos sintiendo, reconocerlas, y realizar esta introspección preguntándonos ¿Qué quiero? Para luego conversarlas y preguntar también al otro ¿qué quiere? poder llegar a acuerdos y un equilibrio.
También el cómo nos comunicamos marca mucho en como el otro va a recibir el mensaje. Si estoy constantemente criticando, reclamando o molestándome (tú tú tú) posiblemente no voy a llegar a una solución. Por eso la forma en que comuniquemos nuestras emociones puede influir mucho en la respuesta del otro. Solemos criticar mucho en primera persona, y nos olvidamos de hablar desde nosotros mismos. Es por eso que la comunicación asertiva resulta muy importante. Por lo que podemos tener distintos resultados si decimos: “¡Felipe, siempre quieres hacer todo a tu manera, estoy harto!” a por ejemplo “Me siento enojado o frustrado porque no puedo opinar respecto a esta situación, me gustaría que pudiéramos llegar a un acuerdo”, por ejemplo.
¿Quién? Yo
¿Qué siento? emoción
¿Frente a qué? situación
¿Qué podemos hacer? Solución
La introspección, conversación y comunicación están al alcance de todos nosotros. Ya hacemos algo con preguntarnos y preguntar ¿Cómo estoy? ¿Cómo me siento? ¿Cómo estás tú? ¿Cómo te sientes tú? Teniendo aún la posibilidad de elegir que es con lo que nos quedamos, a qué le damos prioridad y a qué no. Tenemos la posibilidad de decir “esta es mi situación” evaluar cuales son nuestras posibilidades, que hago con ellas, con cuál me quedo. ¿Pido ayuda? ¿Me quedo con lo bueno? ¿Lo soluciono? ¿Me muevo? No podemos escoger que emoción sentir, pero si el cómo vamos a actuar frente a lo que nos está pasando.
Van y vamos a experimentar más peleas posiblemente porque es una situación nueva y estresante, es comprensible, pero en lo que si tenemos posibilidad de actuar es en el cómo las solucionamos.