A casi 4 meses de ocurrido el primer brote de Covid-19, donde nunca pensamos que en cuestión de semanas se convertiría en una pandemia mundial, estando a la altura de la “peste negra” o la mal llamada “gripe española”. En este breve tiempo, el coronavirus ha golpeado fuertemente a la humanidad, en su aspecto económico, político y cultural, siendo los dos primeros los que más frágiles y vulnerables se han visto frente a la pandemia, trayendo así mayores efectos emocionales en nosotros.

Lavarse las manos, usar mascarillas, antiparras, guantes, mantener la distancia de al menos 1 metro entre las personas, hacer filas y entrar por turnos a locales o supermercados, estar en casa, en algunos casos realizar teletrabajo o reducir sus jornadas, son algunas de las tantas medidas que hemos tenido que aplicar en nuestras vidas para hacer frente a la pandemia. Además, estas medidas se acompañan por nuevas vistas culturales de nuestra sociedad, como ver colegios, universidades, cafés, bar, restaurantes, comercio, espacios públicos cerrados, así como suspensión de diversas actividades culturales.

Evidentemente hemos conocido los efectos que este fenómeno nos ha provocado en nuestras vidas, en especial en nuestra salud mental. Especialistas de diversas partes del mundo así como reconocidas cadenas periodísticas han señalado ya los efectos psicológicos que provoca y ha provocado la pandemia; agudización de los síntomas si existe una condición o patología mental previa, aumento de la ansiedad general y por ende preocupaciones y miedos, sensación de baja productividad y desmotivación, momentos angustiosos que pueden manifestarse como en rabia o en llanto, desórdenes metabólicos y de los ciclos del sueño y aumento de la violencia intrafamiliar, todos como consecuencia del escenario que perdió sus certezas, sus claridades que solíamos llamar “normalidad”.

Conforme a todo lo anterior, cada uno debe tomar estos desafíos en base a espacios reflexivos responsable sobre tu situación de vida particular al momento en que vivimos, pues allí donde yacen los dos grandes desafíos que en Terapi hemos observado durante el último período y de los que te recomendamos comenzar a reflexionar para tu cuidado.

En el caso de las personas que viven solas, independiente si están o no con pareja o tienen o no familiares o tienen o no un círculo social, el efecto de la soledad es donde principalmente te sugerimos que puedas poner la atención, pues la “cotidianidad sin palabras”, sin poder dialogar con un Otro, poder compartir emociones y sensaciones, hace que el día a día de confinamiento no sólo pueda ser físico, sino también puede aparecer una especie de “confinamiento mental” en que el mundo interior comienza a tomar más protagonismo, por lo que nuestros pensamientos se vuelven más constantes, reales y progresivos.

Por otro lado, las personas que viven en compañía de su pareja, padres, hijos, hermanos, amigos o compañeros de piso, el efecto de la convivencia prologada aparece como el principal factor a trabajar, pues la “cotidianidad sin espacios personales” puede volverse un estrés en cuanto a la tolerancia y el respeto de las personas, donde se corre el riesgo de estancarse, volverse la rutina y aparecer conflictos cotidianos que pueden ir en escalada.

Ambos casos podemos comprenderlos desde la famosa paradoja del físico cuántico Erwin Schrödinger, en que un evento puede tener dos estados opuestos al mismo tiempo, es decir, el gato de su experimento puede estar vivo o muerto a la vez si no se le observa o da un marco de referencia, encontramos que en la soledad y en la convivencia, puede llevarnos a un estado de malestar general o, al contrario, bienestar. ¿Cómo? Como se señala, dando un marco de referencia.

En el caso de la soledad, nos llevará a conectarnos con nuestros miedos, a nuestro pasado, a pensar sobre el estado de nuestras vidas, nuestros pensamientos pueden volverse más negativos o pesimistas y a la vez, constantes pues al no poder dialogar permanecen más tiempo en nuestra cabeza, por lo que nuestro bienestar mental puede verse afectado si no lo ponemos un sentido, una referencia. Idealistamente hablando, este tiempo de soledad puede resultarnos muy provechoso en el plano personal si nos lo proponemos, pues podemos generar rutinas de autocuidado, dedicar más tiempo a explorar hobbies o intereses, tener más tiempo para disfrutar de las actividades que me gustan en solitario como pueden ser bailar, cantar, ver películas, series, tocar algún instrumento musical, arreglar mi casa, cocinarme, aprender algo nuevo, entre tantas actividades que puedo permitirme en este tiempo para que los miedos no se apoderen de mí y mi bienestar.

Por el contrario, en el caso de la convivencia, convivir significa aceptar a los Otros bajo un marco de referencias claras, pues, por ejemplo, desde un plano sociológico, nosotros podemos convivir en la sociedad pues tenemos un marco legal (constitución, leyes, normas) que nos pone un piso para permitir y no conductas que favorecen o desfavorecen la convivencia en sociedad. Por tanto, para que exista una convivencia favorable las personas tenemos que dialogar dentro de nuestros hogares y definir ciertos acuerdos que nos permitan respetarnos y apoyarnos, en cuanto al contexto lo requiere y también a nuestro propio bienestar. Conversar sobre cómo va a ser nuestra rutina, cuáles van hacer los espacios y tiempos comunes y privados, cómo vamos a distribuir los servicios del hogar como lo puede ser la televisión o la computadora, cómo distribuiremos las labores domésticas, cómo vamos a resolver los conflictos que podamos tener (por ejemplo, nos vamos a dar un tiempo y luego conversamos o conversamos de inmediato el problema), pueden ser algunos puntos que nos permitan aclarar nuestras normas de convivencia para que así juntos podamos disminuir las probabilidades que podamos tener conflictos por situaciones cotidianas que no estaban claras. Recuerden que en este tiempo estamos más irritables por lo que la tolerancia y el respeto pueden ser un desafío grande si no tenemos claridades sobre las necesidades de las otras personas con las que convivo.

Por tanto, Terapi hace la invitación es a que no dejemos nuestro gato de Schrödinger encerrado, sino que le demos un marco de referencia para que sepamos que está vivo y haciendo frente a este fenómeno mundial e histórico que ha puesto a la humanidad en situaciones complejas y como ya se ha observado, ha sido gracias a la unidad y sentido comunitario (y a la ciencia), que ya algunos países del mundo comenzado a disminuir la curva del coronavirus.

Simón Michell

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Author

Simón es un psicólogo con 9 años de experiencia en psicología clínica, especializado en trastornos relacionados con las adicciones, haciendo gran parte de su formación profesional en esa área, incluida su tesis de título. En paralelo también se he focalizado en el ámbito de los trastornos ansiosos como el TOC o TAG, y trastornos del ánimo, como depresión y TAB. Trabaja desde un enfoque psicoanalítico relacional.