Sin duda el explosivo aumento del número de contagiados a nivel mundial, en menos de tres meses, ha provocado un impacto en diferentes ámbitos de la vida humana mundial en lo que respecta a sus organizaciones comunitarias: los gobiernos, las economías, los sistemas de salud, el ámbito educativo, diversos rubros de trabajo, el transporte de productos en persona, etc. Diversas medidas se han tomado para salvaguardar la población como lo han sido la educación sobre prácticas de autocuidado (saludar sin contacto físico o lavarse las manos regularmente), suspensión de actividades o la indicación de realizar aislamiento social o cuarentena, con las que se ha buscado mitigar el número de contagiado, aplanar la curva y, en el peor de los casos, prevenir el fallecimiento de los afectados.

Chile es un país que en el último tiempo se ha caracterizado por diversas tragedias naturales como los grandes terremotos, las cuales nos han permitido incorporar a nuestra cultura una frase que a muchos nos ha servido para generar una actitud y motivación importante frente a las catástrofes: “en las tragedias se observa lo mejor de los seres humanos”. Por ello que en nuestra sociedad nos hemos sentido tan empoderados a mejorar luego de las grandes catástrofes naturales, mostrando un gran sentido de responsabilidad social y solidaridad post-tragedia, haciendo que el sentido de comunidad se pueda volver a desarrollar o potenciar, por lo que ha sido y será clave para hacer frente a terremotos, incendios, erupciones, temporales, etc., y por ello, que será este sentido el que permita enfrentar de mejor manera la pandemia del coronavirus COVID-19.

Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y escritor (1925-2017) autor de diversos libros e ideas contemporáneas, nos da cuenta –en su estilo- lo líquido que es nuestra sociedad, donde rápidamente avanza y cambia, adecuándose a la forma donde esté contenida, es decir, metafóricamente hablando, es similar a la estructura física de un líquido, su forma se adapta al recipiente donde está contenido; una estructura flexible y cambiante. Esta estructura social ha llevado a que las grandes verdades, los grandes axiomas sociales, religiosos o morales, las autoridades y las relaciones humanas dejen de ser vistas como absolutas y se cuestionen, cambien y vayan mutando rápidamente, perdiéndose algunos valores o características fundamentales para la sociedad como lo es el sentido de comunidad.

El sentido de comunidad que consagramos generalmente durante nuestra adolescencia a través del sentido de pertenencia, donde nos damos cuenta que nuestro YO (características, intereses, rasgos de personalidad) es aceptado por Otros seres ajeno a nuestra familia, quienes -generalmente- nos aceptan por ser familia, sangre. Este sentido de pertenencia nos ayuda a validarnos como seres autónomos capaces de ser aceptados por Otros sin tener vínculos protectores-familiares.

Por tanto el sentido de comunidad es fundamental para el desarrollo personal de los seres humanos así como también ha sido clave para organizarla en los distintos grupos: la familia, la escuela, la salud, la sociedad en general y, por sobretodo, la supervivencia de la raza humana.

Un conocido ejemplo da cuenta de una manera muy asertiva para nuestra sociedad líquida de hoy: “Yo soy porque nosotros somos” es una de algunas de las formas semánticas que sirve para entender el la palabra que hoy es parte de diversos códigos éticos y morales y hasta de un sistema operativo: Ubuntu

Cuenta la historia que a comienzo del siglo pasado, un antropólogo viajó a estudiar una tribu. Entre los estudios que decidió realizar está uno muy destacado hoy que hizo con l@s niñ@s de esa comunidad; hizo que se pusieran todos juntos a un extremo (como preparándose para una carrera) y al otro extremo colocó una canasta de frutas y les señaló: “al indicarles la partida correrán a las frutas y el primero que llegue se quedará con toda la cesta”. ¿La sorpresa? Al indicar la partida, tod@s l@s niñ@s se tomaron de sus manos y corrieron juntos a la cesta. Asombrado el antropólogo les preguntó porqué hicieron eso y l@s niñ@s señalaron: “¡Ubuntu!” Explicándole al científico: “¿Por qué uno debe ganar? ¿Por qué no podemos ganar tod@s? ¿cuál es el sentido que solo uno se coma la fruta y el resto no?”

Por lo anterior es que con un buen sentido de comunidad, podemos entender los sentimientos de rabia que podemos experimentar frente a la conducta de algunas personas que hemos percibido en los últimos días frente a la emergencia sanitaria COVID-19; personas que acaparan muchos productos en un supermercado sin pensar en los demás, la dificultad por autoridades o empresarios por no permitir realizar el aislamiento social preventivo, actitudes temerarias de algunos que ponen en riesgo la integridad de las demás personas, entre otras. Diferentes situaciones que podemos entender como un poco desarrollo del sentido de comunidad que inconscientemente nos hace sentir que el riesgo es mayor y la sensación de miedo o paranoia aumenta.

Finalmente si podemos entender esta alerta sanitaria producida por el coronavirus COVID-19 como una oportunidad para fortalecer nuestro sentido de comunidad y así la comunidad en sí, podremos apreciar acciones, gestos, palabras de bondad, empatía, solidaridad y ayuda, permitiéndonos formar una visión más positiva de nuestra sociedad, nuestro país y así poder sentirnos más seguros, más tranquilos y con mayor esperanza.